A pesar del constante y esforzado trabajo de investigadores y especialistas en la salud en cuanto al estudio del Cáncer y su cura, ninguna persona escapa del primer impacto que produce un diagnóstico positivo en cuanto al padecimiento de la misma… y escuchamos los golpes cuando el Cáncer toca a nuestra puerta.
Es una enfermedad que cada vez pareciera golpear más y más al ser humano, siendo en cada caso, un rápido anuncio de muerte y desesperanza total.
No hacemos de lado la tristeza y decepción que una persona diagnosticada puede sentir, es tan comprensible su estado emocional y sus pensamientos, que es imposible pensar que es algo que pronto pasará o de que todo estará bien. Para todos representa una impresión sumamente profunda.
Como creyentes en Dios y en Su Hijo Jesucristo, y como seres humanos, igualmente somos parte de la humanidad que vive problemas y enfrenta enfermedades y desgracias, llevándonos también a posiciones tan difíciles como las descritas anteriormente. Entonces volvemos nuestra mirada a Dios y también preguntamos “¿Por qué yo?”.
Muy a pesar de todo ello, debemos concluir que por encima de todo ese dolor y frustración Dios no es su causante, al contrario, es la respuesta que necesitamos, que deseamos y que buscamos al tener que enfrentar esa crisis. Él es nuestra roca firme sobre la que podemos apoyarnos en espera de fuerzas, de esperanzas, de paz, de sanación física y espiritual, y de la SALVACION y de la VIDA ETERNA después de nuestra partida.
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Foto de encabezado: Lonely Tree by Evgeni Dinev


